Si hubiera una máquina del tiempo para regresar a los días en que la tristeza se curaba con indie rock y cigarros clandestinos en la azotea, probablemente sonaría Enjambre. Y no porque vivan del pasado, sino porque lo convirtieron en arte. Este 25 de octubre, la banda originaria de Fresnillo, Zacatecas, se apodera del Pulso GNP, lista para hacer que Querétaro vibre, sienta y recuerde a todos sus ex en un mismo coro.
Con más de veinte años de carrera, Enjambre ha sobrevivido a todas las modas musicales sin perder su esencia: letras poéticas, riffs hipnóticos y un aire melancólico que convierte cualquier escenario en una especie de purga emocional colectiva. Canciones como “Visita”, “Dulce Soledad” o “Manía Cardíaca” no solo son himnos; son cápsulas del tiempo que nos devuelven a cuando todo dolía un poco menos (o dolía mejor).
La voz de Luis Humberto Navejas sigue siendo ese eco entre lo romántico y lo existencial, entre el dolor y el deseo. Y aunque el público del Pulso GNP se reparte entre el slam y el perreo, todos saben que cuando Enjambre sube al escenario, toca sentir. No hay escapatoria.
Su regreso al Pulso representa más que un concierto: es una celebración de lo que el rock alternativo mexicano logró construir en pleno auge del pop y la electrónica. Enjambre no busca modas, crea atmósferas. No persigue hits virales, crea canciones que se quedan a vivir contigo.
Así que, si durante el festival ves a alguien mirando al horizonte con una cerveza en la mano y una lágrima en el ojo, probablemente esté escuchando a Enjambre.
Y si tú también terminas así, no te preocupes: no estás triste, estás viviendo el setlist.







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